Carlos miraba el agua difuminada en el aire que, saliendo de la boca de la manguera y flotando como una densa nube contra el sol de Mayo, dibujaba un incipiente arco iris. Madre estiraba la manguera para evitar que se doblara, dirigía su mirada a lo largo del tubo y perdía por un momento el control de donde apuntaba con el chorro de agua. Las nubes, entonces, se movían nerviosamente, viajando del cielo al suelo, con los ojos cerrados, como si hubieran chupado un limón.Carlos anda en este día pensando en qué regalarle a su mejor amigo del cole. Al ver el arco iris ya había corrido tras el y preguntó ávidamente:
- Mamá, ¿...y si le regalamos a Alejandro un arco iris?–
La respuesta tardó en llegar, tratando de condensar el reto en algo trivial. Ante un tesoro, cualquier cosa se convierte en trivial, maquillaje para ganar tiempo y saborear el momento. Comoquiera que era ya tarde y se acercaba a la hora del baño, la respuesta era esperable ....
- Bueno, ya veremos, lo hablamos mientras te baño, ¿vale? –
Luego, hablando de ello, imaginó Carlos cómo atrapar el arco iris, cómo guardarlo en una cajita y envolverlo para regalarlo.
Carlos le dió una puntada a un remiendo del mapa de utopía, un lugar común donde las personas que se quieren gustan de regalarse los mejores regalos: esos que salen al paso, efímeros y grandes.
1 comment:
Muy hermoso...He dado un respingo cuando hablabas de las nubes y sus ojos cerrados como si hubieran chupado un limón...Enhorabuena
PD Felicidades a Carlos
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