Fuentes de energía (I)

Se marca la hora de salir.

El profesor Valero, casi a cámara lenta, tras la estela irritante de la sirena, deja la tiza en la repisa de la pizarra y se da la vuelta mientras se sopla el polvillo blanco de la punta de sus dedos.

Coge las gafas, se acerca a la puerta y marca el inicio del protocolo para el trasvase de energía. Ésta comienza desde el momento mismo del final del sonido de la sirena que marca la hora del recreo. Entonces, cuarentaytantos chavales del aula, se juntan con otros cinco, seis, hasta casi una decena o más de grupos de cuarentaytantos iguales. Todos ellos con la respiración aun contenida, para evitar escapar una sola palabra y perder así la oportunidad de disfrutar de esos minutos de recreo. Todos bajan escaleras casi a oscuras, un piso, dos, se unen otros grupos, … hay un murmullo carcelario, de respiración contenida, que presagia el final. La última curva de la última escalera, aparece la puerta y ahí llega: la carrera alocada, dispersión de energía, de aliento y respiración contenida y liberada, cargada de energía …

Frente a la gran puerta, justo en el lado opuesto, tras el recreo, el recién remozado muro del patio de recreo, sólo y quieto, deja caer otro trozo de desconchones inexplicables.

Mafaldades



            • Las Bandadas van dadas
            • Los comensales comen sales
            • Los acetatos los hace Tato

.... otro día más