A Cristobal, el hermano mayor de mi amigo el Zure le habían endosado el raro honor de tener un parecido remoto, pero vendible, con un icono de adolescentes. Sabiendo esto, el muy canalla lo explotaba no abriendo la boca demasiado y contoneándose justo lo necesario para conseguir sus propósitos. Veli, la hermana mayor andaba orgullosa de que a Cristobal le hubieran llamado del Programa televisivo “los jóvenes bailan” para que entrara a concursar en la pelea por el premio al mejor imitador de famosos. Los que imitaban a famosos, pero que no tenían interés para los adolescentes, duraban mas bien poco. Pero Cristobal no abría la boca y sus gestos hacia la Cámara con la mano viajando de su boca al pelo y de ahí al trasero y el paquete delantero iban haciéndole ganar votos día a día. Su consagración como finalista en esta carrera vino cuando le llamaron para hacerle un reportaje en la prensa, con fotos en el parque de la Fuente del Berro. Ahí quedó patente que lo tenia muy bien estudiado y que los que le hicieron el reportaje sabían que iba a durar tanto como lo que quisiese la discográfica del ídolo imitado.
En casa de mi amigo el Zure, para esas fechas de idolatría express, la revalorización de Cristobal era tal que entrar en el pasillo de aquella casa con olor a grasilla de freyir las papas como decía su madre, se habia tornado como entrar en la antesala de un plató de televisión, olía a fama, a estrella de la música pop y eso hacía que todos pasáramos a ser miserables gruppies aun sin gustarnos especialmente la música del ídolo en cuestión. Por aquel tiempo, en ese verano, andábamos eclécticos dándole patadas al oído en los coches de choque con las canciones del verano, que eran perfectas para berrearlas en esos santuarios de luces horteras y macarras fumando Piper mentolado sin tragar el humo.
Pero todo llegó a su fin cuando, el día en que tocaba celebrar la final en el concurso de aquel programa televisivo, salió haciendo play-back el imitado, pero el de verdad, el genuino, cantando “Linda” … ese fue el acabose porque al final, antes de terminar con las llamadas telefónicas para dilucidar quien era el ganador, el presentador preguntó al imitado las ventajas que tenía esto de contar con tan buen imitador … es decir, Cristobal, el hermano del Zure. En fin, el imitado habló un rato y hasta dijo algunas palabras en inglés pronunciadas tan bien como un lord británico un poco alocado, ¡Ja!. Pero luego, el presentador se volvió y preguntó a Cristobal qué le parecía imitar a esta figura del Pop y ahí ya tuvo que hablar y le salió esa forma de hablar de barrio, esa que conocíamos todos en su casa cuando le rascaba, doblando la lengua, una colleja a mi amigo el Zure, lanzando al aire la mano, al tiempo que decía con cierto deje a cheli macarra eso de … “¡¡… toma enano!!, ¡¡entre oreja y oreja, …!!.
Crsitobal dejó honda huella en el barrio y en todo el país que le pudo ver y oír, con sus cuatro o cinco palabras salidas de la factoría del Barrio de la Concha, aún rodeada de descampados donde personajes como "el Banano" (un gitanillo que hizo leyenda) daban patadas a latas y fumaban celtas cortos.
Cristobal, aunque quedó en votos cerca de ganar la competición, quedó palpable en el televisor que al imitado no le había gustado el imitador. Y hasta llegó la carrera artística de Cristobal. Hoy conduce su propio vehículo, una UVI móvil de una agencia de seguros y lleva ya una buena recua de multas atesoradas por correr demasiado …
Lugar donde solazarse, al cuidado de ANDOMO, habitado por fuentes que emanan historias, crean charcos de colores, donde quizás hayas pisado alguna vez ... Ando siguiendo esas huellas, cualquier día apareces tú también en estas historias ...
El Zure ... (1)
El Zure salió al paso de las habladurías. Vivía con su hermana Mimi en el mismo barrio que los vio nacer y había presenciado hechos que pocos vecinos habrían siquiera intuido o sospechado nunca. Por ejemplo, que hasta donde alcanza la vista, mirando desde el poli hacia lo alto de la loma, sólo se podía divisar una ladera yerma, azotada por la escorrentía, con la arena como madera pálida que bruñían las hordas de gitanillos que buscaban camorra o nuevos adeptos.
Al Zure no le podían quitar el apodo del flaco, pero es que en su familia todos eran bastante delgaditos. Hoy día lo tacharían de anoréxicos a toda la familia. Menos a la madre, una cordobesa con un fino hilo de voz pero con un saque de brazo preparado para marcar la autoridad y los límites posibles a toda la familia y hasta a los amigos de sus hijos.
Pero lo que al Zure no le podían endosar era el noviazgo con Maite la del cuarto. Maite era cosa del Tostao, porque tonteaba con ella casi a diario, pero en secreto, para que no se enterara ni ella ni nadie … A Zure quien le gustaba era Gloria, la hija de la portera de donde vivía el Rafita el del bajo y el Tostao. A Gloria le gustaba más bien Jose, que vino un día a jugar al patio con Rafita y como le gustó un montón le hizo saberlo a Jose a través de la hermana de Rafita, Gema, una verdadera especialista en la goma y en mover las coletas al son de sus piernuchas de alambre.
Al Zure le gustaba Gloria, aunque le sacaba dos cabezas, una por altura y otra por el efecto de la delgadez extrema y toda la gordura concentrada en la cabeza. Se hacia llegar junto a ella con ánimo de decirle algo pero, siempre, siempre, para evitarlo estaba ella, Marisa, su hermana casi gemela que hacía de guardiana de Gloria. Y las formas de evitar el contacto de cualquier chico con su hermana era una suerte de suma de empujones, pellizcos y zarandeo de la victima con una mano fuertemente agarrada a los pelos.
Al Zure lo de no llegar nunca en condiciones cómodas a Gloria le parecía una suerte extraña, algo que hacia más difícil llegar a su churri y, por ello, cobraba el valor doble de reto y juego al mismo tiempo. Y si, llegó a ella, una vez, en el parque, y con un batazo en la cabeza, un día, tratando de darle a una piedra en el aire. Pues bien, dió a la piedra y de seguido a Gloria que anda un poco detrás del Zure.
El Zure salió al paso de las habladurías y pareció zanjar su noviazgo con un golpe de gracia a Gloria. Quedo tan claro todo que nadie volvió sobre el tema nunca, hasta ahora mismo.
El otro día creo que vi al Zure, no fue en el barrio, fue en un pueblo de la Sierra de Madrid y entraba en una inmobiliaria. Ahora vende pisos y los vende que es una gloria verlo, ¿ñiek?.
Al Zure no le podían quitar el apodo del flaco, pero es que en su familia todos eran bastante delgaditos. Hoy día lo tacharían de anoréxicos a toda la familia. Menos a la madre, una cordobesa con un fino hilo de voz pero con un saque de brazo preparado para marcar la autoridad y los límites posibles a toda la familia y hasta a los amigos de sus hijos.
Pero lo que al Zure no le podían endosar era el noviazgo con Maite la del cuarto. Maite era cosa del Tostao, porque tonteaba con ella casi a diario, pero en secreto, para que no se enterara ni ella ni nadie … A Zure quien le gustaba era Gloria, la hija de la portera de donde vivía el Rafita el del bajo y el Tostao. A Gloria le gustaba más bien Jose, que vino un día a jugar al patio con Rafita y como le gustó un montón le hizo saberlo a Jose a través de la hermana de Rafita, Gema, una verdadera especialista en la goma y en mover las coletas al son de sus piernuchas de alambre.
Al Zure le gustaba Gloria, aunque le sacaba dos cabezas, una por altura y otra por el efecto de la delgadez extrema y toda la gordura concentrada en la cabeza. Se hacia llegar junto a ella con ánimo de decirle algo pero, siempre, siempre, para evitarlo estaba ella, Marisa, su hermana casi gemela que hacía de guardiana de Gloria. Y las formas de evitar el contacto de cualquier chico con su hermana era una suerte de suma de empujones, pellizcos y zarandeo de la victima con una mano fuertemente agarrada a los pelos.
Al Zure lo de no llegar nunca en condiciones cómodas a Gloria le parecía una suerte extraña, algo que hacia más difícil llegar a su churri y, por ello, cobraba el valor doble de reto y juego al mismo tiempo. Y si, llegó a ella, una vez, en el parque, y con un batazo en la cabeza, un día, tratando de darle a una piedra en el aire. Pues bien, dió a la piedra y de seguido a Gloria que anda un poco detrás del Zure.
El Zure salió al paso de las habladurías y pareció zanjar su noviazgo con un golpe de gracia a Gloria. Quedo tan claro todo que nadie volvió sobre el tema nunca, hasta ahora mismo.
El otro día creo que vi al Zure, no fue en el barrio, fue en un pueblo de la Sierra de Madrid y entraba en una inmobiliaria. Ahora vende pisos y los vende que es una gloria verlo, ¿ñiek?.
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