El Zure ... (1)

El Zure salió al paso de las habladurías. Vivía con su hermana Mimi en el mismo barrio que los vio nacer y había presenciado hechos que pocos vecinos habrían siquiera intuido o sospechado nunca. Por ejemplo, que hasta donde alcanza la vista, mirando desde el poli hacia lo alto de la loma, sólo se podía divisar una ladera yerma, azotada por la escorrentía, con la arena como madera pálida que bruñían las hordas de gitanillos que buscaban camorra o nuevos adeptos.



Al Zure no le podían quitar el apodo del flaco, pero es que en su familia todos eran bastante delgaditos. Hoy día lo tacharían de anoréxicos a toda la familia. Menos a la madre, una cordobesa con un fino hilo de voz pero con un saque de brazo preparado para marcar la autoridad y los límites posibles a toda la familia y hasta a los amigos de sus hijos.


Pero lo que al Zure no le podían endosar era el noviazgo con Maite la del cuarto. Maite era cosa del Tostao, porque tonteaba con ella casi a diario, pero en secreto, para que no se enterara ni ella ni nadie … A Zure quien le gustaba era Gloria, la hija de la portera de donde vivía el Rafita el del bajo y el Tostao. A Gloria le gustaba más bien Jose, que vino un día a jugar al patio con Rafita y como le gustó un montón le hizo saberlo a Jose a través de la hermana de Rafita, Gema, una verdadera especialista en la goma y en mover las coletas al son de sus piernuchas de alambre.


Al Zure le gustaba Gloria, aunque le sacaba dos cabezas, una por altura y otra por el efecto de la delgadez extrema y toda la gordura concentrada en la cabeza. Se hacia llegar junto a ella con ánimo de decirle algo pero, siempre, siempre, para evitarlo estaba ella, Marisa, su hermana casi gemela que hacía de guardiana de Gloria. Y las formas de evitar el contacto de cualquier chico con su hermana era una suerte de suma de empujones, pellizcos y zarandeo de la victima con una mano fuertemente agarrada a los pelos.


Al Zure lo de no llegar nunca en condiciones cómodas a Gloria le parecía una suerte extraña, algo que hacia más difícil llegar a su churri y, por ello, cobraba el valor doble de reto y juego al mismo tiempo. Y si, llegó a ella, una vez, en el parque, y con un batazo en la cabeza, un día, tratando de darle a una piedra en el aire. Pues bien, dió a la piedra y de seguido a Gloria que anda un poco detrás del Zure.


El Zure salió al paso de las habladurías y pareció zanjar su noviazgo con un golpe de gracia a Gloria. Quedo tan claro todo que nadie volvió sobre el tema nunca, hasta ahora mismo.

El otro día creo que vi al Zure, no fue en el barrio, fue en un pueblo de la Sierra de Madrid y entraba en una inmobiliaria. Ahora vende pisos y los vende que es una gloria verlo, ¿ñiek?.

No comments: