Tu a California, yo a Madrid

Me duele la sal del Mar,
cuando se enamora del petróleo sumergido,
quizás enterrado y mil veces galopado

Y los espacios, una vez habitados,
y abandonados en carne viva,
y hasta un beso los contrae,
y qué dolor allí habitado

Al son del mar, cabalgando sobre las olas,
huye al embate nocturno, estela en rama,
especia de su cuerpo y el mío,
enervado, excitado, madrugador, incansable,
limpio y agudo como la hoja del sable,
una boca, unos ojos, uno

Y volverán vientos de sal aquí y allá,
galoparán al redoble del tambor,
llorarán, ruinas cansadas