El antropólogo a su suerte ...

Esto es el almacén de señales de tráfico del Ayuntamiento de Montejo, hace unas décadas… y es el lugar donde, en la habitación que se divisa al fondo se puede atisbar el cartón en el suelo a modo de colchón que sirvió durante unos días como albergue para un estudiante de antropología social de la UAM que recaló allá para hacer parte de su tesina sobre el turismo rural en la Sierra Norte de Madrid. Lo mejor de aquellos días fue el espíritu de Ramona y el trabajo de campo con los últimos pastores de Montejo, dos hermanos, … autenticos.

Gracias para siempre, Almería, por haberme dado una mamá tan maravillosa.


Traté de fundir mi cara con el mar, que abría sus manos para acogerla como un precioso recién nacido. Fue por querer besarla, y con los ojos aun cerrados, vi su imagen cómo se me escurría abrazándome, mezclándose con el color de la arena plateada de la orilla, feliz y dispuesta a navegar a lomos de esas olas sonrientes. Esas que, despeñadas desde las crestas de Cabo de Gata, habían venido a recibirla con los brazos abiertos.

Con el calor de los primeros días de verano, suavemente, se fue mi Mamá al fondo y mar adentro, guiado aquel polvo de estrellas por el velamen de mil flores que se fueron con ella. Tensaban en su marcha, aquellos pétalos rojos, el hilo invisible de encaje que dibuja el contorno de la playa y también, el de ese pálpito de tristeza y pena, de tantos corazones ahí, entrelazados, en aquella orilla.

Eso, entrelazados, por un instante (gracias Mamá de nuevo por ese y todos los de antes y los que viviremos gracias a ti), …todos esos corazones, de hermanas, hermano, sobrinos y sobrinas, hijos, marido, nietos, nueras, amigos … que, de repente, nos reconocimos como víctimas sorprendidas de un naufragio sin barco. Y en ese mágico e interminable segundo detenido, te buscábamos entre nosotros, negándonos a dejar de recordarte, a hablar contigo, a escuchar tus cosas, tu risa…

Verás… Rafa era una hija de su tiempo, nacida en aquella Almería de fotos que abandonaban el blanco y negro, de forma dura y milagrosa. Ella tejió su mundo, tan pequeña, sin su madre, que se fue sin que pudiera disfrutar de ese calor. Mientras su padre sumaba una nueva familia con sus hermanos, se crió con su tía, a la que quiso como su madre. Feliz por el campo, con su vida cortijera, siempre rodeada de amigas, se miraría en el espejo de ese abrigo en el que, en cada recodo, de cada camino, de cada hierba, de cada rayo de sol, de cada jirón de viento, se encontraba con ese susurro que fuera quizás el deseado aliento cerca, el de su madre …

Como una marioneta, un día, de esos en los que no esperaba nada de nadie más allá de aquel tejado, se encontró girando en un nuevo mundo, el de una ciudad, Almería, el de una nueva familia, la de su padre con su madrastra (otro ángel), y un tropel de viejos y nuevos hermanos que la acogieron con esa mezcla de caballos desbocados de sentimientos contradictorios que explotaban en Rafa en su alma y su piel con alegría, tristeza, rabia, ilusión,…

Pizpireta, guapa guapísima, joven, con esa sonrisa suya haciéndola aun más rebonita, paseo arriba y paseo abajo se encuentra con nuevos amigos y amigas, se sube sobre su nuevo rincón de libertad, y con los ojos bien abiertos, y con los brazos remangados, dejándose la piel en todo, conquista a todos en su casa y fuera de ella. Ya había entrado a trabajar en la Telefónica y en un día de esos, de esos de Club Náutico, de cruces de miradas y besos escondidos, se enamora de un tipín de la capital, que le escribe unas cartas envenenadas de amor, … infalible y deseado dulce veneno, lista para morir en sus brazos …

Se convierte al poco en emigrante en su tierra, casada de catedral de Almería, donde la Virgen del Mar le hace un guiño maternal y cómplice. Llega a su nueva ciudad, Madrid, a un barrio en construcción, en medio de descampados donde aun no llega ni el tranvía. Y se hace mujer y madre de repente, a toda prisa, con la misma que da a luz a sus hijos: uno, dos, tres, en apenas seis años y el cuarto diez años después del último. Vida intensa de madre, sin una sola queja a nadie, sin saber si hubieran existido otros mundos para ella, otras vidas posibles, un túnel de trabajo doméstico que sube y baja al día varias veces como en un enloquecido viaje por una montaña rusa. Lucha en medio de esa ciudad tan sañuda y enloquecedora, por su marido y su familia, trastablillea en intentos de ganarse a otra nueva familia, la de su marido, que la trata a menudo con inmerecida altivez, y aunque ella gana siempre, en su alma se posa esa pena por las heridas que se deben curan a solas y lentamente, con el tiempo, sin el bálsamo cercano de una caricia del Mar.

Esa vida es en si la mejor de las herencias, la única con verdadero valor. Lo que mi mamá me ha enseñado, con su gesto diario, es eso, entre otras cosas: a tratar de ser feliz haciendo felices a los demás, a cultivar la alegría y la valentía, a sentir y conocer la naturaleza, a disfrutar aprendiendo, a forjar y defender ideas justas, a reducir lo adverso bajo el efecto sanador del dialogo constructivo y con sentido del humor, a tratar de comprender y ser paciente, decir lo que se piensa sin miedo, a dar y recibir cariño y mimos, a ayudar a hacer las cosas de casa …

Lo demás ya lo sabéis o lo podéis imaginar. Pasaron días y años y mi madre, que añoraba volver a ver el mar, su tierra y revivirla de nuevo, fue renunciando a esa ilusión para convertirla en secreto amante de su corazón, al que dejaba escapar, contadas veces, cuando confesaba casi a solas, con decisión y un brillo infantil en la mirada, su deseo de fundir sus restos con el mar en una cierta orilla que baña Almería, cerca de aquellas azucenas que crecen todo el año, salvajes….

Hace unos días por la mañana, una de esas raras de aviso de plaga de medusas, mis dos pequeñines jugaban en la playa del Zapillo a hacer agujeros y castillos en la orilla. Se afanaban en evitar que las olas arrebataran aquellas trabajadas torrecillas y murallas construidas con ilusión. Las olas llegaban entonces y desmoronaban todo, mezclándose los restos corriente abajo con otras arenas volteadas y plateadas de esta y otras orillas, esas mismas donde hace unos días fuera a mezclarse su abuela, mi mamá, Rafa, esa mujer superguapa, de alma pizpireta … feliz y dispuesta a navegar a lomos de esas olas sonrientes. ¡Adiós Mamá!

Tintín en Almería



Haddock había amarrado bien fuerte la chalupa plateada y blanca en la entrada del puerto. Caballita Plateada rezaba en su costado. Se había cumplido un mes desde el final del asunto de las “Migas Tornasol” y fondeaba el barco el Caballa que adoraba el capitán plácidamente en la bocana del puerto. Pareciera que le hubieran dado sopas con ondas al buscar aparcamiento, como cualquier hijo de vecino hoy por hoy por donde el Zapillo.

- ¡Malditos bachibozuks! – gruñó entre dientes Haddock viendo como se acercaba un tipo con apariencia de policía local – Tintín, ya te dije que era mala idea bajar hoy a la Feria, … ¡mira!, ya ves … , no nos van a dejar ni amarrar aquí …

Amenazaba tormenta y el capitán se ofuscaba descartando argumentos que le dejasen tranquilo, y cuantos más desdeñaba, más negros nubarrones se iban arremolinando sobre su cabeza. La suerte, sin embargo, se puso de cara. Milou, sin previo aviso, saltó ladeando la gabarra, atraído por los maullidos airados de un par de gatos desaliñados que se disputaban algo parecido a restos de una bolsa de basura, a unos metros del policía local. Ladrando y con espumarajos salados colgando de sus belfos, corrió a una embestida improbable, el policía pasó del interrogante en su coronilla a una carrera hacia los gatos y éstos en direcciones opuestas, uno, con el poli, hacia la cola de los melilleros y otro hacia un vecino parque lleno de perros. De uno y otro lado, saltaron alarmas de distinto tipo y del fragor de ese desconcierto, gritos en distintos idiomas y sirenas incluidas, surgió Milou, con una botella de agua, que había conseguido desatapar y de la que bebía de su interior, sacando el agua a empellones con su pata.

Consternados, ya sobre el muro del puerto, Tintín y Haddock suspiraban avergonzados y con el pensamiento secreto de si algún día saldrían de ese maldito tebeo, que a cada página les zarandeaba con una nueva e histriónica experiencia.

Se dirigieron andando por el paseo y no había forma de evitar las miradas de la gente, uno por su piel roja como un cangrejo y el otro por ese aspecto de lobo de mar encallado en unos pantalones cortos con flores tropicales, asomando por el lateral de un enorme bolsillo el cuello de una pequeña botella de ron.

Tintín y el capitán no podían tampoco ocultar su estado de bancarrota y a duras penas llegaban a una comida al día, los tiempos de abundancia de Moulinsart habían quedado lejos y hasta algunos de sus amigos más cercanos pareciera que les hubieran olvidado. Uno de ellos, Tornasol pareciera habérselo tragado la tierra y permanecía sin dar señales de vida embutido en su laboratorio. Andaba enredando con los trastos que se disputaran en su día las mafias sildavas, esta vez añadiendo cosas nuevas, como procesadores de datos de alta velocidad, algoritmos de comunicación con estructuras moleculares y subatómicas basados en cosas tan aparentemente dispares como el lenguaje musical y la poesía, …

El caso es que Tintin y el capitán aun estaban expectantes ante el mensaje de Tornasol, que les hizo llegar de una forma extraña y que prometía asistir a algo sumamente importante y singular en los días de Feria.

Tintín recordaba que para hacerse con algo de dinero buscaron oportunidades de empleo por aquí y allá, y de pasar de hacer viajes para turistas por la costa, que siempre acababan con vomitonas multicolores y cada vez menos pasaje, pasaron a ser eventuales y pésimos camareros en el Habana y a emular sin éxito a los vendedores ambulantes en las playas del Zapillo … Hasta que encontraron ese último trabajo, de mensajeros con moto de la empresa, para repartir paquetes de pequeño tamaño. La moto era una Vespino algo perjudicada, que apenas alcanzaba los 30 km/hora cuesta abajo. Además, habían decidido hacer las entregas siempre juntos, el capitán llevando la mercancía encima porque, según el, “era más seguro llevarla en el regazo que agarrarla sin maromas ni nudos marineros, simplemente con esos garfios sujetos a gomas elásticas, cosas creadas por un diablo podrido y una puta zorra salamanquesa en alguna noche de ron barato y lujuria desenfrenada”.

Con ese espectáculo por las calles de Almería, navegaron cierto día con un paquete muy discreto, que les llevó primero a la casa y la calle donde Brenan dejó su semen en el lecho de un prostíbulo calle arriba camino de la Alcazaba. Allí no había nadie, no existía tal casa ni jergón con tal recuerdo, salvo un sobre en el suelo, apoyado en la pared, a nombre de Tintín y el capitán, con un remite extraño que decía “… buscándonos través de la ciencia …”. El sobre debía abrirse in situ. Éste indicaba un nuevo destino y pedía disculpas al mensajero por el error. El siguiente destino fue la casa de José Ángel Valente, pero allí sucedió algo similar, esta vez con otro remite especial: “… con la ayuda de la poesía para entender las cosas …”, el siguiente destino marcado fue junto al paseo, arriba, ya casi en Puerta Purchena, en un comercio frente una bola accionada por algún mecanismo hidráulico. Allí el sobre estaba sobre la misma bola y el remite sumaba a lo anterior “… y para empezar a hablar con el agua …”.

Alguien pareciera estar cerca y quería llevarles a algún sitio, esquivando continuamente a quien quisiera perseguirles. Hasta que, el último sobre, les llevó a la Plaza Manuel Perez García, y les invitaba a internarse en el interior de la propia ciudad, por los antiguos refugios antiaéreos. Allí en algo parecido a un quirófano se encontraba el último sobre, indicando a Tintin y el capitán que abrieran el paquete a entregar y que buscaran en el interior. Así lo hicieron y el paquete contenía unos cuantos paquetes más pequeños para hacer migas … ¡vaya fiasco! – pensaron -, hasta que en uno de esos paquetes dieron con un sobre, pequeño, con un flamante billete de 500 €, así como unos esquemas de algo parecido a unos circuitos, flujos, fórmulas y un texto de su amigo Tornasol.

En ese último mensaje Tornasol se disculpaba por tanto secretismo, que justificaba con la obsesión por evitar que les interceptaran ese mensaje final. Indicaba que el enigma de los remites pretendían, en conjunto, desvelar los resultados de su investigación y que éstos serían mostrados públicamente en los días de Feria, para su mayor difusión y dar a conocer al mundo una nueva tecnología.

Según se desprendía de aquel mensaje, Tornasol habría creado al menos un pequeño prototipo que permitiría al ser humano comunicarse y entenderse con todos los organismos que tuvieran agua en su composición … incluso con la tierra misma, con la que se realizaría la primera comunicación del ser humano en alguna playa cercana a la Feria, entre Ciudad Jardín y el Zapillo ...

Nota del autor: esta historia podría parecer ficticia, se sirve de personajes de cuento para indicar a los lectores un indicio, un camino y un evento que quizás tenga lugar un día de estos allí donde se dan cita …

Yo Vengo A Ofrecer Mi Corazón (Mercedes Sosa, letra de Fito Páez)

¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón,
tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan fácil, ya sé qué pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada del amor.

Luna de los pobres siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
como un documento inalterable
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo, y me darás algo,
algo que me alivie un poco más.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar ésta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar, nomás.

¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón.

La laca, ese gran invento ...

La laca es una secreción resinosa y translucida producida por el insecto Laccifer lacca, de donde toma el nombre, que habita sobre varias plantas, sobre todo en la India y el Este de Asia. Dicha secreción se halla pegada a las ramas de la planta invadida, y en ella está encerrado el insecto durante casi toda su vida.

Se recordarán lacas famosas, de famosas, infantiles, domésticas y hasta de toda la familia ... todas dejan una huella imborrable en la memoria.

A mi sin ir mas lejos, el otro día, un olor me inspiró un lugar lejano que no podía adivinar ... hasta que, ese aroma, tras unas cuantas idas y venidas desde la nariz a un poco más arriba y hacia atrás, y ya exausto, se rindió señalando a duras penas un lugar en el mapa, un poco más ariba y también hacia atrás ... donde el pico del gallo en la veleta pierde su punta bajo el frio y la ventisca, anunciando la tormenta que se avecina ...

Me lo dijo un amigo que tiene un consultorio y mucha clientela ...

Me dijo, "chico,lo que tienes que hacer es abrir tu mente, buscar nuevas experiencias. Si no lo haces ahora, mañana será tarde o, simplemente, patético. Te voya a contar el caso de mi colega, ese, el del famoso BIF, habrás oido hablar de ello, ¿no? ...".

Mi amigo tiene su consulta en un céntrico barrio de la ciudad, y allí van todo tipo de personas para curar sus males del corazón, o de amores, como se prefiera. El dice que son males del corazón, porque en muy pocas ocasiones son de cabeza, que es lo que dicen al entrar sus pacientes ... Al salir ya no saben si es de cabeza o de corazón, o de pies, o hacia dónde llevan éstos.

Esa tarde noche no presté atención al tema. Marisa y yo estábamos con los niños, haciendo como que cenábamos, pero estábamos pensando en otros mundos, de trabajo, de hipotecas, ... es decir, una existencia inflexiblemente cuesta abajo.

Abrí luego, con Marisa, a solas, descorchando una birra, el fin de todos los males.

Haciéndome el falso desinteresado, dije ... - "oye, el otro día leí una historia en un periódico que me pareció curiosa, ¿te cuento ...?". - Ella, sin mirar me dió luz verde, pero con la misma indiferencia de un aburrido guardia de tráfico.

"Era un psicólogo que había venido del futuro, o algo así, un loco (esto de loco lo dije con acento ridículamente argentino), y que había empezado a poner en marcha con cierto éxito un tratamiento ideal para crisis en relaciones de pareja ..." - dije en plan misterioso -

"si, ¿y?", - dijo ella -

"Pues que recetaba a una pareja, como por ejemplo, la nuestra, hacer uso de una cosa que le llamaban el BIF. BIF eran las siglas del Bono de Intercambio Familiar, un sistema que ponía en contacto a parejas con otras parejas de similares características. El Estado se ocupaba de ponerlas en contacto para hacer que se conocieran, de forma anónima. En principio por Internet ... " -

"Me gusta la idea, pero más aún si fuera para hacer cosas, ya sabes .... mmm" - interrumpió ella, realmente interesada, con mirada picarona -.

"El caso es que, en parte, de eso se trataba, el BIF era un sistema para inyectar color y calor a la vida de familias a la deriva ... ¡¡...y son tantas...!!"

"Sigue, sigue"....

"Te lo cuento en un minuto, traigo un par de vasos y unas fresas ..."
....