Haddock había amarrado bien fuerte la chalupa plateada y blanca en la entrada del puerto. Caballita Plateada rezaba en su costado. Se había cumplido un mes desde el final del asunto de las “Migas Tornasol” y fondeaba el barco el Caballa que adoraba el capitán plácidamente en la bocana del puerto. Pareciera que le hubieran dado sopas con ondas al buscar aparcamiento, como cualquier hijo de vecino hoy por hoy por donde el Zapillo.
- ¡Malditos bachibozuks! – gruñó entre dientes Haddock viendo como se acercaba un tipo con apariencia de policía local – Tintín, ya te dije que era mala idea bajar hoy a la Feria, … ¡mira!, ya ves … , no nos van a dejar ni amarrar aquí …
Amenazaba tormenta y el capitán se ofuscaba descartando argumentos que le dejasen tranquilo, y cuantos más desdeñaba, más negros nubarrones se iban arremolinando sobre su cabeza. La suerte, sin embargo, se puso de cara. Milou, sin previo aviso, saltó ladeando la gabarra, atraído por los maullidos airados de un par de gatos desaliñados que se disputaban algo parecido a restos de una bolsa de basura, a unos metros del policía local. Ladrando y con espumarajos salados colgando de sus belfos, corrió a una embestida improbable, el policía pasó del interrogante en su coronilla a una carrera hacia los gatos y éstos en direcciones opuestas, uno, con el poli, hacia la cola de los melilleros y otro hacia un vecino parque lleno de perros. De uno y otro lado, saltaron alarmas de distinto tipo y del fragor de ese desconcierto, gritos en distintos idiomas y sirenas incluidas, surgió Milou, con una botella de agua, que había conseguido desatapar y de la que bebía de su interior, sacando el agua a empellones con su pata.
Consternados, ya sobre el muro del puerto, Tintín y Haddock suspiraban avergonzados y con el pensamiento secreto de si algún día saldrían de ese maldito tebeo, que a cada página les zarandeaba con una nueva e histriónica experiencia.
Se dirigieron andando por el paseo y no había forma de evitar las miradas de la gente, uno por su piel roja como un cangrejo y el otro por ese aspecto de lobo de mar encallado en unos pantalones cortos con flores tropicales, asomando por el lateral de un enorme bolsillo el cuello de una pequeña botella de ron.
Tintín y el capitán no podían tampoco ocultar su estado de bancarrota y a duras penas llegaban a una comida al día, los tiempos de abundancia de Moulinsart habían quedado lejos y hasta algunos de sus amigos más cercanos pareciera que les hubieran olvidado. Uno de ellos, Tornasol pareciera habérselo tragado la tierra y permanecía sin dar señales de vida embutido en su laboratorio. Andaba enredando con los trastos que se disputaran en su día las mafias sildavas, esta vez añadiendo cosas nuevas, como procesadores de datos de alta velocidad, algoritmos de comunicación con estructuras moleculares y subatómicas basados en cosas tan aparentemente dispares como el lenguaje musical y la poesía, …
El caso es que Tintin y el capitán aun estaban expectantes ante el mensaje de Tornasol, que les hizo llegar de una forma extraña y que prometía asistir a algo sumamente importante y singular en los días de Feria.
Tintín recordaba que para hacerse con algo de dinero buscaron oportunidades de empleo por aquí y allá, y de pasar de hacer viajes para turistas por la costa, que siempre acababan con vomitonas multicolores y cada vez menos pasaje, pasaron a ser eventuales y pésimos camareros en el Habana y a emular sin éxito a los vendedores ambulantes en las playas del Zapillo … Hasta que encontraron ese último trabajo, de mensajeros con moto de la empresa, para repartir paquetes de pequeño tamaño. La moto era una Vespino algo perjudicada, que apenas alcanzaba los 30 km/hora cuesta abajo. Además, habían decidido hacer las entregas siempre juntos, el capitán llevando la mercancía encima porque, según el, “era más seguro llevarla en el regazo que agarrarla sin maromas ni nudos marineros, simplemente con esos garfios sujetos a gomas elásticas, cosas creadas por un diablo podrido y una puta zorra salamanquesa en alguna noche de ron barato y lujuria desenfrenada”.
Con ese espectáculo por las calles de Almería, navegaron cierto día con un paquete muy discreto, que les llevó primero a la casa y la calle donde Brenan dejó su semen en el lecho de un prostíbulo calle arriba camino de la Alcazaba. Allí no había nadie, no existía tal casa ni jergón con tal recuerdo, salvo un sobre en el suelo, apoyado en la pared, a nombre de Tintín y el capitán, con un remite extraño que decía “… buscándonos través de la ciencia …”. El sobre debía abrirse in situ. Éste indicaba un nuevo destino y pedía disculpas al mensajero por el error. El siguiente destino fue la casa de José Ángel Valente, pero allí sucedió algo similar, esta vez con otro remite especial: “… con la ayuda de la poesía para entender las cosas …”, el siguiente destino marcado fue junto al paseo, arriba, ya casi en Puerta Purchena, en un comercio frente una bola accionada por algún mecanismo hidráulico. Allí el sobre estaba sobre la misma bola y el remite sumaba a lo anterior “… y para empezar a hablar con el agua …”.
Alguien pareciera estar cerca y quería llevarles a algún sitio, esquivando continuamente a quien quisiera perseguirles. Hasta que, el último sobre, les llevó a la Plaza Manuel Perez García, y les invitaba a internarse en el interior de la propia ciudad, por los antiguos refugios antiaéreos. Allí en algo parecido a un quirófano se encontraba el último sobre, indicando a Tintin y el capitán que abrieran el paquete a entregar y que buscaran en el interior. Así lo hicieron y el paquete contenía unos cuantos paquetes más pequeños para hacer migas … ¡vaya fiasco! – pensaron -, hasta que en uno de esos paquetes dieron con un sobre, pequeño, con un flamante billete de 500 €, así como unos esquemas de algo parecido a unos circuitos, flujos, fórmulas y un texto de su amigo Tornasol.
En ese último mensaje Tornasol se disculpaba por tanto secretismo, que justificaba con la obsesión por evitar que les interceptaran ese mensaje final. Indicaba que el enigma de los remites pretendían, en conjunto, desvelar los resultados de su investigación y que éstos serían mostrados públicamente en los días de Feria, para su mayor difusión y dar a conocer al mundo una nueva tecnología.
Según se desprendía de aquel mensaje, Tornasol habría creado al menos un pequeño prototipo que permitiría al ser humano comunicarse y entenderse con todos los organismos que tuvieran agua en su composición … incluso con la tierra misma, con la que se realizaría la primera comunicación del ser humano en alguna playa cercana a la Feria, entre Ciudad Jardín y el Zapillo ...
Nota del autor: esta historia podría parecer ficticia, se sirve de personajes de cuento para indicar a los lectores un indicio, un camino y un evento que quizás tenga lugar un día de estos allí donde se dan cita …
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