Las Edades del Hombre

Se da el caso particular de que los hombres pasan por una particular travesía por una serie de Edades. Algo que se podría denominar como las Edades del Hombre.

Y no son edades precisamente de fervor religioso. Nada más lejos. Son etapas que responden única y exclusivamente a mundanas y casi instintivas adaptaciones al medio. En términos zoológicos y del comportamiento de animales salvajes sería como hablar de la transición de la ágil carrera de predador (joven) tras presa (joven) de igual soltura en la carrera a una pasiva, lánguida y despreocupada atención por el paso de los días.

Pasamos, los hombres, por edades bien conocidas y que no merecen mayor atención: la edad del pavo, del león, del águila, del mono, todas ellas documentadas hasta la saciedad y nunca bien ponderadas.

Sin embargo, junto a estas conviven otras edades, menos estudiadas y ciertamente intrigantes por su alto grado de adherencia. Todas ellas nacen de una visión avanzada de la herencia de padres a hijos, se diría que más que un gen tenemos un “super-gen” y quizás por ello resultan estos comportamientos tan pegajosos.

En un lugar destacado figura en estas edades aquella que nos afianza en el uso de herramientas. Desde la más tierna infancia usamos cosas para el juego, cosas que adquieren una fragilidad pasmosa cuando son golpeadas reiteradamente contra el suelo y si es de terrazo, más frágil resulta el juguete al que parece que queremos devolverle la vida o la energía consumida de las pilas.

En esa línea de progreso de esa edad del hombre figuran las fases conocidas como “vale para todo: cristal, espejo, loza o baldosa” o el de “¡pero si esto está hueco!”.

Las dos se relacionan con la edad adulta, y es fácil de reconocer en los corrillos que rodean a esos hombres – orquesta, que vocean y describen con todo tipo de demostraciones las maravillosas prestaciones de unos utensilios con una apariencia de lo menos vistosa y que ciertamente no parece fácil usar, por más que se empeñe su cansado apóstol.

Igualmente, en el summum de la edad del hombre, esta vez, si cabe, más avanzada, está esa que nos hace tender a tocar todo tipo de aristas y superficies de muebles, puertas, barandillas, fundas de equipos electrónicos y todos los de gama blanca. Los de gama blanca son ideales para hacer esto ... Arrastramos la mano, con suavidad, tratando de adaptarla al material y se diría que esperando que a la tercera pasada una bocanada de humo salga de algun lado y se nos presente un genio.

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