Lugar donde solazarse, al cuidado de ANDOMO, habitado por fuentes que emanan historias, crean charcos de colores, donde quizás hayas pisado alguna vez ... Ando siguiendo esas huellas, cualquier día apareces tú también en estas historias ...
No, si es que tu nunca me dejas …
Alojados en los vértices, geodas, recodos y pasillos del recuerdo de anoche, ocupando las habitaciones del placer y el deseo en todas sus extensiones y rincones, vuelan, sumergidos y transparentes, pinceles que trazan besos y sus piruetas para llegar a ti. Sigo sus absortos colores, enloquecidos por querer ir tras los mil, millones de cruces de olas, de acerados y lacerantes torbellinos en los que sucumbir aquí y ahora, tan temprano.
Pero tú, claro, no me dejas …
Remo con paleta y pinceles, enfermizo por verme otra vez náufrago entre remansos de arena de miel que se filtra entre los dedos, y se atan mis latidos a los tuyos como látigos que chocan en el aire cálido, a cada salpicadura de olas de poniente en el espigón. Mientras, nado huyendo de ti, tratando de zambullirme una y otra vez, bebiéndote y ahogándome de ti.
…mmm … ¡casi lo consigo! …. Jajaja, pero, esta vez, tampoco me dejas ….
Rateo entonces la mirada y los lametones de una zorra corrida por el dueño del gallinero, que feliz ha dejado al gallo sólo e indefenso, con la cresta enhiesta, roja y casi a punto de explotar. Afilo, embobado, pico y espuelas para seguir los pasos de la raposa. Zambra y revuelo de plumas y garras, el pajarraco se defiende como puede, casi hasta sucumbir a los mordiscos que juegan con su pecho desplumado. Brilla la saliva en la boca de la zorra, en el cuello palpitante, erguido e indefenso del gallo ….
mmm … ¡vaya!, pero no, tampoco esta vez termina todo aquí …
¡Ajá!, salto ahora de la boca del volcán a punto de nieve y busco la brisa escondida tras el sonido de la guitarra, escalo por mi mástil para respirar y decir tras de ti y al oído de la mar dibujada en tu pelo, el tesoro encontrado en sus profundidades. De nuevo, otro delicioso éxtasis y tormento: una tormenta que trepida y asciende desde esas profundidades cálidas y me lleva directo entre redondeados, suaves acantilados, que se cierran y abren para trazar el mejor camino hasta que algo toca fondo y doy al traste con mis sentidos, perdiendo el control de mi mástil y quilla que, incandescente, sin vuelta atrás, … busca la salida a mar abierto …
Ahggg , no!!, tu, entonces, le das la vuelta todo, y susurras … aun no, espera … sonreímos …
Vibran junglas y montañas por los cuatro costados, y ya no hay aire que sostener. Desde la playa, los sonidos de la Feria retumban ahí arriba, tiembla la superficie. Respiramos el agua y sus esencias. Se derriten en la piel como celofán cerca del fuego. Rompemos la cáscara de un sólo corazón, que torna en tambor vudú y baila desesperado, con los ojos en blanco. Ritmo y cadencias que se aceleran, delirantes, hasta fundir, definitivamente, nubes y cristales del alma y sus alrededores ...
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